El obispo de la Diócesis de Orlando, Tomas Wenski pidió al Congreso que considere las recomendaciones de los obispos católicos del país y que mientras se debate el tema en la esfera legislativa, no se convierta a los inmigrantes en chivos expiatorios de los cambios que experimenta el país.

Durante una audiencia ante el Congreso la semana pasada, Wenski pidió terminar con actitudes xenofóbicas y antiinmigrantes: "Retórica que ataca los derechos humanos y la dignidad de los inmigrantes no sirve a una nación de inmigrantes. Tampoco sirven actitudes xenofóbicas y antiinmigrantes, que solo nos empequeñecen como nación", enfatizó.

Wenski, consultor del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos del país, sostuvo que "desde la perspectiva de la Iglesia Católica, la reforma inmigratoria es un asunto humanitario porque afecta los derechos humanos fundamentales y la dignidad de la persona humana".

Asimismo pidió a los legisladores que consideren sus recomendaciones para lograr una ley justa, equilibrada y factible.

"Les pedimos permitir enmiendas que mejoren el producto final", agregó, aludiendo a la iniciativa que cursa en manos de los legisladores y que haría más difícil la legalización y posterior naturalización de 12 millones de indocumentados.

Para la Iglesia Católica de Estados Unidos, dijo, la reforma migratoria es importante, pues un tercio de los feligreses son hispanos.

Prueba de ello es que en las últimas semanas se han realizado vigilias en iglesias de la Florida. En Haines City, más de 200 personas clamaron recientemente por una reforma justa que tenga en cuenta las aspiraciones de miles de familias separadas.

"Los inmigrantes se sienten apoyados por la Iglesia Católica", dijo María Jiménez, coordinadora del Centro Campesino de Auburndale, y de la Coalición de Inmigración de la Florida. "Aparte de apoyarnos en las marchas, nos ayudan a diligenciar documentos y nos envían a servicios profesionales, si es necesario".

El obispo de la Diócesis de Orlando también señaló que unos 100,000 inmigrantes ilegales de la Florida central se verían beneficiados por la ley, que con el tiempo les permitiría solicitar la ciudadanía, luego de pagar multas, aprender inglés y otros requisitos.

"Este tema afecta los derechos humanos, y ese es mi oficio: cuidar de los seres humanos y su alma", dijo Wenski ante la audiencia.

Tras el testimonio surgieron confrontaciones en el Senado, luego de que el senador demócrata por Dakota del Norte Byron Dorgan intentara eliminar un programa de trabajadores temporales que podría permitir el ingreso de hasta 400,000 trabajadores extranjeros por hasta seis años.

Por su parte, el legislador Luis V. Gutiérrez, del Comité Congresista Hispano, le pidió al Senado trabajar por una reforma que además de asegurar las fronteras nacionales y fortalecer el sistema de empleo, contribuya a reunir a las familias y promueva la naturalización de quienes trabajan dura y honestamente.

"Las familias fuertes y unificadas fortalecen nuestras comunidades, generan negocios y empleos familiares y son vitales para la salud moral y económica de nuestra nación", agregó Gutiérrez. "Además, crear medidas para que la familia se mantenga unida es esencial para prevenir la inmigración ilegal futura".

Para Joe Bacca, presidente de esta organización, "a los inmigrantes indocumentados hay que darles la oportunidad de corregir sus violaciones pasadas, seguir trabajando para contribuir a la economía, reunirse con sus familias y tener un camino hacia la residencia y la eventual ciudadanía".

En su intervención ante el Congreso, el obispo también se quejó de cómo los inmigrantes son víctimas de abusos y explotación.

"Como proveedores de servicios pastorales y sociales a los inmigrantes, somos testigos de las consecuencias de un sistema de inmigración roto todos los días en nuestras parroquias, programas de servicios sociales, hospitales y escuelas", dijo Wenski en su testimonio ante el Subcomité Judicial de la Cámara sobre Inmigración.

"Las familias están divididas, los trabajadores inmigrantes son explotados y abusados, y muchos mueren innecesariamente en el desierto estadounidense", dijo Wenski.

En Polk, Jiménez de la Coalición Campesina, dijo que próximamente se reunirán con el representante federal del área Adam Putnam, a quien le pedirán apoyo por una reforma realista.

"También haremos vigilias, recolección de firmas y envío de cartas a los legisladores por una reforma que tenga en cuenta las necesidades de quienes ya están aquí trabajando honestamente", dijo Jiménez.

El pasado lunes 28 de mayo la Asociación de Campesinos de Florida realizó en Orlando un foro en el que abogados y activistas explicaron los alcances y expectativas de la actual iniciativa y demandaron una reforma digna y justa.

Sus actividades y expectativas son respaldadas por la Iglesia, que favorece un plan que les permita a los indocumentados permanecer legalmente y reunirse con sus familias.

A Wenski, como a otros defensores de los inmigrantes, le preocupa que con la ley el Congreso cree una subclase de trabajadores temporales debido a que no pueden solicitar la residencia permanente. Dijo que también le preocupa que la capacidad de las familias para reunirse con los trabajadores se vea limitada por la ley.

Para el Concejo Nacional de La Raza, por lo pronto es un adelanto el hecho de que al fin el Senado se mueva a discutir el tema. Sin embargo, Janet Murguía, presidenta y directora de la organización hispana, dijo que la actual iniciativa plantea serias preocupaciones.

"Aunque también tenemos serias inquietudes sobre puntos específicos de la ley, creemos que es posible enderezarlos a medida que se avanza en el proceso legislativo", dijo Murguía.

El obispo Wenski reconoció de todas formas que el debate sobre inmigración ha generado oposición agria.

Pero dijo que los inmigrantes ilegales están contribuyendo a la sociedad y respondiendo a una necesidad de trabajo.

"Sin duda existe cierto enojo, pero al parecer está mal dirigido", dijo Wenski.

"El problema no son los inmigrantes sino el sistema roto"., enfatizó el líder católico.