WASHINGTON - La propuesta migratoria presentada el viernes 18 de mayo por senadores republicanos, demócratas y la Casa Blanca es la mejor noticia que han recibido los indocumentados desde que se otorgó la amnistía migratoria en 1986.

No, no es todo lo que querían. Pero es lo único que por ahora pueden conseguir. No hay más. Rechazarlo es un suicidio migratorio. <0x00BF>Qué tal si esperamos hasta el 2010 para una propuesta mejor y luego no llega nada? Más vale propuesta en mano que cien volando. Y lo que no nos guste ya luego lo cambiamos.

Lo que me gusta de la propuesta migratoria es que le permitiría a los 12 millones de indocumentados legalizar su estadía en Estados Unidos. Califican casi todos los que entraron al país antes del 1<0x00B0> de enero de este año.

Me parece un abuso que tengan que pagar $5,000, esperar más de ocho años para conseguir la residencia legal y regresar a su país de origen para recoger la visa permanente. Pero en la vida y en la política se consigue lo que se negocia no lo que uno se merece. Y eso es lo que se consiguió para los indocumentados.

Es, en el fondo, un problema de palabras. Pocos, incluyendo al presidente George W. Bush, les querían dar una amnistía a los indocumentados. Decían que una amnistía era una manera de premiar a quienes violaron la ley al entrar ilegalmente. Al final les pusieron un montón de multas y castigos a los indocumentados para que pagaran su delito.

El abuso está en que nadie toma en cuenta las enormes contribuciones de los indocumentados a la economía de Estados Unidos. Y no solo eso. Miles de empresas y millones de norteamericanos se benefician de su trabajo. Son cómplices del supuesto delito de los indocumentados. Pero, claro, a ellos nadie los multa.

El caso es que ya hay un camino para sacar de la oscuridad, el miedo y la persecución a los indocumentados que ya están aquí. Y eso es bueno.

Lo que menos me gusta de la propuesta migratoria es el programa de trabajadores temporales. Les digo por qué.

Cada año entra ilegalmente a Estados Unidos alrededor de medio millón de personas. Algunos cruzan la frontera con coyotes y otros entran en avión. Y cualquier ley migratoria tiene que incluir a los nuevos inmigrantes que llegan cada año. Hasta aquí vamos bien.

Lo que está mal - y que peca de una increíble ingenuidad - es el creer que los 400,000 trabajadores temporales que entrarían legalmente cada año se regresarían a su país dos años después. Eso no va a ocurrir. Y lo que es peor es que crearía una subclase de inmigrantes con menos derechos y oportunidades que los indocumentados de hoy en día.

Los que creen que esta propuesta de ley cierra y sella para siempre la frontera con México no entienden el fenómeno migratorio. Los inmigrantes vienen por cuestiones económicas, porque se mueren de hambre en México y Centroamérica. Y el hambre es más fuerte que el miedo. Ningún muro puede resistir la sed y el hambre. Además <0x00BF>para qué quieren extender el muro si la mitad de los indocumentados llegan por avión?

La falla más obvia de lo que se discute aquí en Washington es no haber, siquiera, consultado a México. México es el principal expulsor de migrantes del mundo y Estados Unidos el mayor receptor. Sin embargo, el tema es un tabú binacional.

Estados Unidos no puede aspirar a controlar el flujo migratorio que viene del sur si no se coordina con México. Y, créanme, los mexicanos, si pudieran, se quedarían a vivir en su país. Pero no pueden.

Lo que necesita México es crear millones de empleos bien remunerados. El ex presidente Vicente Fox no lo logró y al nuevo mandatario Felipe Calderón no le alcanzarán sus seis años en el poder para lograrlo. Se necesitan inversiones multimillonarias en América Latina para detener la huida al norte. Y las que hay realmente no bastan.

Conclusión: Los emigrantes seguirán viniendo masivamente a Estados Unidos. Con papeles y sin papeles. Con leyes nuevas y sin ellas.